"Te quiero... No me hagas arrepentirme."
Tengo grabado en mi memoria el momento exacto en el cual pronuncie esas palabras, mientras poco a poco mi alma se iba disolviendo y vos respondías con un simple: "No, no te vas a arrepentir."
¿Salir ilesa? Jamás.
Duele saber que no cumpliste con lo dicho. De alguna manera fue una promesa que rompiste sin temor dejándome de hablar, sin extrañarme y lo que era mas importante: olvidándote de mi existencia.