A veces necesitas alguien que te diga que todo estará bien, porque a veces olvidas decírtelo a ti mismo. Alguien que te recuerde que debes dejar atrás lo que duele, que te acompañe cuando quemes aquellas cartas que te traen recuerdos. Que te asegure que eres fuerte aunque no dejes de llorar. Al que no le importa si gritas, si maldices, si rompes. Porque prefiere eso a que te rompas tú. Alguien que te acompañe a pasear para que duelan menos los lugares repletos de memorias, las calles desoladoras. Que te tome de la mano para que bailes aún con los ojos enrojecidos y el cuerpo debilitado. 
Siempre se necesita alguien cuando se pierde a uno mismo.